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jueves, 6 de diciembre de 2018

"LUCIO Y SALOME"


"LUCIO Y SALOME"
(lírica)

I

La herodiada sintió celos,
al verla caer sobre sus rodillas,
blondas como dos panes gigantes;
al toque de la alfombra el viento frenético 
hizo su escarnio altivo,
desnudó la pierna hasta la cintura 
brillo cual pétalo de gardenia en una noche de luna,
su muslo terso de joven en pubertad
despertaron ojos avarientos.

Salome era una. flor de atracción,
un punto de inercia,
una semilla de trigo en oro,
poema en viva carne era ella,
sus grandes ojos, 
luceros que en el ocaso brillan 
en la oquedad del cielo,
esas pupilas que al acercarse 
parecían  dos canicas de misterio
pequeños pozos azul de mar
vertigos causaban como una solitaria ola
cuando se arrastra a nuestros pies.
Su alma pura aun con rasgo ufano en su mirar,
creció cerca de los mármoles, ese blanco albo
se entretejió en su piel;
sus muecas caprichosas, las amaba
yo creía era el prototipo de su alma,
tierna a manera de una lila en brote,
el viento no ondeaba su pelo, 
el se acariciaba en ella,
halo de paz en sus ojos
en sus juegos infantiles se movía cual hoja caída 
desde las alturas, 
su sonrisa fugaz canto de alondras;
la lluvia de sus miradas atraían sonrisas picaras de efebos.

Era la vigesima fiesta del batallón del cesar
en honor a un grupo de generales de aguerridas historias
casi increíbles,
coincidían con el nonagésimo de sus años,
en la sala principal bajo las bóvedas entechadas en oro,
colgaban cortinas de un lujo exagerado,
despotismo y fiesta sin precedente,
jamas imagine el escenario tan excelso.

Al toque de la trompeta
un silencio sepulcral venció,
la bestial gente calló,
enmudeció la plebe, y las gaitas sonaron sacras,
el arpa cobro vida, la flauta parecia llorar,
y un escribano leyó a voz en cuello un titular;
al levante de la mayor cortina,
la imagen de una diana de belleza, envuelta en misterio
aquel incienso de olor cautivador
parecia envolver un secreto, 
el humo en los pebeteros
complacían la conjetura de los presentes.

Su nuca se elevó 
como un cisne que danza sobre el rio,
sus piernas graciosas, aspas de viento
abanicos de seda,
la silueta esbelta se hundía en las ondas de su vestido,
sus brazos abrazaban el aire,
esos fantasmas invisibles fueron amados 
por sus carnes ese dia,
alas de garzas, nubes en su alto vuelo 
que jugueteaba en su  firmamento,
viento que sacude los ramales en su sigiloso paso
era su baile,
para luego posarse tan queda 
tal tórtola agitada en su nido.

Un loco frenesí subio por mi cabeza,
al verle inclinarse súbitamente 
con una pierna extendida hacia atrás
y la otra encogida,
tocando amorosamente el mentón ligeramente húmedo;
estiró sus brazos 
como una adoración hacia el cielo,
dejo caerlos lentamente,
tomo su pie como una niña tomara 
un pichón entre sus manos,
lo acaricio tiernamente y gorjeo 
cual ave llamando su pareja.

Era ella, era Salome.

Pero esta vez caía provocadora,
llena de un desconocido deseo, 
como despertando  de un largo letargo 
al mundo viviente de las pasiones,
su silueta se perdia 
en el transparente telar de su vestido,
velo de Ofner, rojo transparente que en el junte
arrugoso daba la sensación de oscura escarlata.

Clave mis ojos,
y desprecie mi vida.

II

Toda mi vida paso como una revelación de sueño
celos, amor, discreción.

Su madre había ido a bañarse aquel día al rio,
con su pompa de lujo,
sus concubinas hebreas;
me encontro merodeando junto al camino
cuando era apenas un chiquillo,
Ella fue mi salvadora,
me rescato del arrabal mugroso,
indago el origen de mi nacimiento
pero fue obsoleto,
en vano compro los favores de los escribas
bajo las amenazas de los celotes,
me trajo junto a ella,
como uno mas,
comia de su mano, tomaba de su vino.


la protuberancia de su vientre era amplia
pronta estaba la carne de su carne
a salir desde lo desconocido.
Un dia de primavera
todos corrian de un lado a otro
un llanto de infante 
era el despertar de madrugada, 
a ese pequeño ser, le tendieron los mejores manteles
regalos de Babilonia
terciopelos de Judea,
el fino aroma de Arabia,
el extracto de las flores del Eufrates,
yo servia de siervo, pero con privilegios de un hijo
mientras yo crecía, Salome crecía mas aprisa;
Le comparé infantilmente como una gardenia
que cae en las aguas claras del rio,
su boca como un botón de rosa,
sus ojos de nacar, 
sus pies que solía desnudar 
sobre las lozas de la alameda,
tallados en mi ingenuidad
en las finas molduras de un Egipto que no conocía 

me eduque a los pies de los eunucos, 
bajo los filósofos de su séquito 
bajo las nodrizas traídas  de Judea 
obligadas a servir estaban mis cuidados
bajo su tutela aprendí el respeto, 
el valor la valentía 
el sano juicio, el uso del arte del engaño, 
la casta encumbrada, el veneno de la jerarquia
aunque muchas cosas me eran ocultas.

Creciamos, 
bajo las enigmáticas estatuas de los cesares 
nos escondiamos como dos gacelas perdidas
y perdiendo el tiempo junto a ella
mi alma le admiraba,
me queria como un hermano
encontrado en las riveras del rio
sus brotes de enojo, sus picardias de infancia
eran caricias a mi edad en aumento.

hasta aquel dia anterior a su danza,
furtivos los dos riendo de alegria,
en las vespers del otoño,
caminamos por el portal inferior
al aposento de los eunucos,
junto a los tres grandes plintos de marmol
que veneraban a Luperca
que amamanto a Romulo y remo.
habían tres cortinas rojas de gruesa costura
bordados en sus contornos de hilos diminutos de oro;
 era la hora cuarta 
cuando el sol empieza  de reojo a ver la tierra 
y el silencio de la tarde llama a la meditación 
sentimos una tormenta desconocida
incierta y misteriosa de dos mozuelos
que se despiertan a media noche,
tomamos nuestras manos como de costumbre,
éramos crecidos a la edad 
en que se hunde la quijada de los mozos
y las doncellas se sensibilizan
en ciertas etapas del mes.

III

Sus brazos finos no tenían las azucenas 
 mas sensibilidad que esa piel de ella
un cálido esbozo paso por mi cuerpo,
sintió ella la atracción de una fuerza
casi obligada de sus piernas
hacia mi petrificado cuerpo,
mis muecas morian lentamente,
su risa se apago despacio 
como se apagára lentamente
la luz de una vela sin combustible,
me miro perpleja;
habiamos llegado al pie de la escalinata
cohibido tropece, caí hacia atras
con imperioso movimiento la jale súbitamente
cayo sobre ni cuerpo asustado,
su corazón palpitante,
sentí sus senos esbozado sobre el concavo
agitado de mi pecho,
sus dos piernas vírgenes 
abiertas sobre mi rodilla
su vestido azul cielo mate, esculpía su figura
un edredón tejido de lana
se deslizo sobre su cabeza,
su pelo cayo sobre mi hombro,
incline mis ojos,
no pude negar el deseo que a esa edad
se desborda,
juventud que en su crater de volcán
supera los mas nobles de los caracteres;
no escorzo ella en apartarse 
ni la minima centesima,
dejo su cuerpo caer,
deslisoze, cual cachorro 
sobre el cuerpo de su madre.
Bajo los tres plintos 
en el recodo de las tres cortinas
la loba nos brindo su morada,
fuerzas hicieron falta para huir.
fue un compromiso deslizar su rostro 
a mi rostro,
belfas nuestras bocas de deseo,                                      
se besaron;
Ah!
que ternura en su boca,
que sabor de beso,
que carne esponjosa, que miel de primavera
en el panal de su lengua, 
cual copa de jerez espumosa
su saliva brotaba,
como el agua del manantial bajo el cedron.

Fue nuestro primer encuentro 
frente al amor,
todo conspiro,
se abrazo a mi, 
le amarre con mis temblorosos brazos,
y abrió su cuerpo,
como una ninfa que se abre al agua fresca
y penetre como el agua penetra la arena
como la ola golpea una y otra vez
para hacer mella sobre la virgen roca
e invadió su amor a mi alma.

Ulises y sus tripulantes 
no pudieron refrenar las pasiones
en el archipiélago en las entrañas del mar;
las sirenas fueron su perdición,
ante el amor estuve expuesto
y fui vencido.

Vae Victis!
gritaría Breno el Galo

IV

¡besame, Lucio!
gemia casi en silencio:
¿de que esta hecha tu boca,
quién eres?
te desconozco,
Le susurre al oido:
el amor ha nacido,
y al leve  toque de mis labios
ruborizo sus mejillas, canto su cuerpo
y se abalanzo contra mi
como un felino insatisfecho 
con hambre rezagada de dias, 
quería devorar, y comí su boca, 
su cuerpo como un bocado de pan,
fue a mi lengua.
¿Lo sientes Lucio?
me pregunto, este halo en el ambiente,
su sollozo era como débiles hojas movidas por el viento
en una noche.

quise callarle con mis dedos, 
me apretó frenética con sus manos
y tomando mi mano, 
acaricio paso sus labios, queriendo disfrutar las yemas
ruborosas de mis dedos,
como cuando se padece de sed
como lazarillo queriendo mojar la lengua del avariento,
la avaricia de sus labios fue de amor;
pedia su mirada a grito, un no se que.
Salo, susurre como cariñosamente le llamaba
acercándome a su boca como un chivo
se acercara al agua cristalina
con temor a herir el silencio del agua
succione esa boca ebria de juventud,
de deseo, como un infante se prende al pezon 
de una madre;
subito, asustado, me retire, 
sintiendo la intimidad erguirse,
me queje levemente:

Ni el manjar de las hebreas
tienen tanto sabor como tus labios,
ni las vides de Judea mas jugo que tu lengua,
eres esa nuez, en el centro del laurel
sobre la cabeza de Dahlila,
la flor del Nilo, que crece bajo la sombra de los olivares
¡oh, como codicié el abrazo de tus labios a mi boca!
cuando apretabas esas fresas 
en el vergel del Tetrarca;
He visto las flores vivir aun cortadas
cuando tu aliento las toca,
eres vida, eres sol, eres mi corazón,
y mi poema,
Que cosas dices Lucio, replicó
la locura de Seneca se te metió en el alma
el aroma de la palabra de Salomon
te emborracha.

Solo tu saliva existe 
para embriagarme de ti,
solo tu amor para mi loca alma; 
murmure.

y le escribí un poema en la piel
el labio sonrojado deslizose, como una babosa
podrida de pereza,
halo de calor emanaba su vientre,
olor de melocotón a punto de madurez
eran los poros de su cuerpo,
sus pies desnudos, bellos hechos de copo de nieve virgen
cada dedo diminuta semilla,
esponjabase al toque del mármol traslucido del piso
sus uñas diminutos cuarzos
incrustados en los marmóreas en estatuas de Persia,
la carne ávida desde sus postas
subia bañada en oro, exquisitez tallada hacia su cintura,
en sus rodillas ese rubor rojizo
mezclado con el albo escondido de los poros.

V

Cayeron las túnicas como caen las palmeras 
en honor de los reyes
y exploramos lo infinito
el sagrado tul como un efod en el busto,
una cadena de rubies en el cuello 
brillaba en aquel tenso ambiente,
una esclava en su mano, con el marfil de un leopardo;
era simple y sencilla, 
desnuda en su complexion de diosa,
su nariz  delineada naturalmente,
sus diminutas orejas,
Diana en el aeropago,
tendida con el pubis exiguo ruborizado,
la carne tersa y joven nos llamaba,
yo no sabia de besos,
Ella no sabia de placeres,
instinto de dos animales, prontos a salir
del cubil, éramos.

Nos dejamos llevar insaciables, sin saber el destino,
sin saber que la ingenuidad estaba por morir,
en sus pechos las marcas rojizas de sus venas,
el rojo cereza en la protuberancia de su seno,
en mi el oficio de la consagración.

A lo lejos paso la legion del tretarca 
en su inspección de rutina,
ni las pupilas movimos de temor.

Y luego fue anheloso el respirar
ávidas fueron esas partes
que humedecen por causa de besos,
se quejo levemente y le jure todo mi amor,
mi primer instinto atolondrado jugueteo en sus manos,
su primer gemido libidinoso
me lo brindo cual canción que nace
en la garganta de un mirlo;
sus manos tenían una textura diferente,
su boca no era su boca,
era el mismo deseo encarnado,
torpes aprendices de las viejas pasiones,
la vergüenza huyo arropada, nos dejo desnuda el alma.  


sacris et honoris est pro amor mori
sagrado y honorifico es morir por amor

...

                                                                          continuará...

Autor : Hilario de Jesus Esteban Lopez©
2017