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domingo, 23 de febrero de 2020

"DIARIO"


"ABEJA"


El ruido locomotor

las azules pantallas de neon abrumador,
los torpes conductores alucinantes
las ultimas parejas flagelas del vicio
en el hipnotico soporte del extasis
la ebria oscuridad caia desleal
era la hora del record nocturno
el són de desvelo en los temerarios ojos de Emos 
con playeras negras y las enchapadas huesos 
en los pechos
augurio perplejo como un fatuo gesto de sobriedad.

Eran las dos de la madrugada
la chaqueta de cuero de racha enguatada 
mis nudillos frios como los metales en las paradas de buses
empuñe mi mano, llevándola a mi boca
para engañarme que calentaba mi cuerpo 
con el suave huelgo de mis pulmones.
mi cabeza rasa se me podría de frio,
torcí  mis labios a manera de una sonrisa
mueca de un destello en la memoria,
aquella chica de piel sandalo,
ojos cafe claro
aun sonreía en mi mente,
jalados a manera de gestos Nipones, por la risa.
Su boca minúscula , sus labios delgados,
el triangulo equilátero de perfección en su rostro, 
invertido;
ojos alineados con sus orejas 
para cerrar con su labio inferior con aire sensual
de esos que aflojan la baba de cualquier hombre 
recordaba perfectamente sin esperar sus labios
como pétalos de flor en botón en la mañana,
había quedado inerme cuando pronuncio:


Y usted?

que se habia Hecho?
siento que ya dias no lo veía,
se fue de vacaciones? 
que me trajo?
algún ...?


La tarde anterior

había abierto la pesada puerta del restaurante 
en el centro de la ciudad
el olor en el ambiente, despertaba las tripas que saltaban en mi estómago,
el gentio arrobado en sus celulares en el mesa de bar
parejas comiendo juntas, ausentas ellas mismas en los fosforescentes pads
tenia que hacer fila, era el ultimo de unos quince frente a mi,
para ahorrar espacio suelen los negocios 
llevar las filas en dobles S
yo estaba en la curva ,
le ví desde el otro lado, de la esquina opuesta,
sus manos se movían con presteza
en el teclado, de la caja registradora;
que privilegio el de esas teclas 
cuando las acariciaban la punta de sus dedos 
su cara esbelta, su pelo castaño ajustado con una cola
hecha a prisa, sin ceremonias, ni elogios;
blusa negra, con el logo en la vicera, pantalon azul marino oscuro;
varias ocasiones hacia que la habia observado
sin siquiera sentirme preso de cualquier atracción.


Ese dia fue diferente,

su matiz sandalo en la piel
el reflejo del sol en los parabrisas del los carros 
afuera en la avenida
golpeaban esporádicos en su cara 
a través de las paredes de vidrio,
le hacían clarear las pupilas;
su actitud presta, dedicada a su trabajo,
le asalto de costumbre ese hoyuelo en la mejilla
ah! que gracia fortuita, cuando sonreía 
qué detalle del creador en su cara!
le clave la mirada
un dejo de cobardía, corrió a través de mi,
sus pestañas alargadas y su matiz en sus párpados;
los clientes de todas las edades
se dedicaban simplemente al oficio.
Mordia su labio con frecuencia,
como para asustar el tedio
dejando ese labio rosado 
verdaderamente húmedo 
exageradamente, 
la saliva como un barniz hecho de cristal,
lascivo a mis ojos.
llevaba un arete de plata en la oreja izquierda
como una pupila minúscula que me observaba
bien merecida tenia esa gracia,
sus orejas normalmente hecho de pétalos 
y desde el lóbulo donde empezaba su mandíbula
moldeado durazno   hecho de pluma,
el rictus pronunciado fabricado por escultoras artistas;
un vago embate común de amistad se escondía en su semblante,
el aire de una mueca risa asiática,
en su seriedad subita, 
quedaban sus ojos abiertos interrogando sin preguntar.


Se percato que le observaba 

hizo un gesto, esos de los que suelen hacer los ojos fijos
que reposan sin observar realmente lo  que se tiene frente a ellos,
mas alla la mirada extendida, con fingimiento de reojo, de soslayo,
había dádose cuenta que le miraba
pero no hizo intento alguno de cambiar la dirección de su mirada,
suspendida habia quedádose su mirada en la nada,
como esperando que le desprendiera la mia.


Me perdi en el vitro para pedir mi comida

mientras cambiaba de puesto 
acercándome a ella,
Ella hacia escarnio altivo como una diosa femenil,
llevaba enclavado un tatuaje en su muñeca
el azul lacerador vivía de una tinta vivia en su carne
a manera de alambre de puas
y un corazón minúsculo cerraba 
ese circulo tatuado en su muñeca derecha,
sus dos manos se apresuraron a tomar 
mi bandeja de carton recyclable llena de comida
y nuevamente estuve frente a ella .


Se detuvo el tiempo 

slow motion! 
gritaron los segundos;

brotaron los lirios, y como un nardo de perfume
se acaricio en su pelo
el jilgero de su risa llamo a la meditación
y tuve celos de todas los ojos que le veían
el nacar de sus pupilas brillaron 
como brillan las estrellas en una noche de luna,
como quien deshonra lo sagrado
le herí con la mirada
 y sonrió
cual Venus elevada al firmamento,
me basto su voz menuda
su sonrisa coqueta,
vertigo y luz.

Se afano torcazmente  por esconder ante mis ojos
el efusivo rasgo de una pena innata  
que poseen las actitudes, 
cuando saben que se les ha intuido
sin pronunciar el hecho.
No pude borrar ese minuto eterno en el tiempo.

Eran las 2:15 de la madrugada 
cuando en los semáforos de la boulevard,
me abri paso en el carril de peatones,
el humo abrumador que despertaban los muertos de nicotina,
la noche cabalgaba sobre mis párpados 
perdido en la jungla de las tinieblas 
me escapaba calle abajo,
para llegar perezoso a la puerta de mi apartamento,
la luz brillaba,
el ruido del cerrojo abríase de golpe,
como de golpe percaté que no le olvidaba;
vivía en mi mente,
éramos dos caras diferentes.
Yo le imagina descansar a ella en su almohada
repleta de besos, de angelicales labios;
yo reliquia de un orate abandonado a la soledad
rezaba mis últimas homilias 
el ultimo punto dejábase caer presto desde mi teclado
monologo itinerante de mi alma
acariciado por las tinieblas de la noche.

En la persiana frente ami escritorio
una abeja trasnochadora, había golpeado el vidrio
haciéndome despertar de mi letargo,
hacia frio afuera, de esos que rajan los labios,
rechino mi sillón, me encamine hacia la ventana
levante y sople hacia la alfombra
el calor del cuarto le devolvió la vida 
como el calor de un recuerdo, hacia vivir al poeta.


Eran las 3:18 de la madrugada

y susurraba la noche
y la bestia  de la ciudad dormía,
dormitaba mi alma bajo el amparo de una flor 
hecha de sueño y recuerdo.

Autor: Hilario Esteban Lopez©










1 comentario:

Auroratris dijo...

Simplemente se es cuando alguien hace un altar para recrearse de cada instante, de cada matíz.

Un placer leerle, mi buen amigo.

Mil besitos y feliz día.