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lunes, 18 de julio de 2016

"traición"



Yo tengo un amigo
de piel blanca, nariz aguileña,
con vejez  precoz en su piel,
pelo raso, 
ojos que si bien rondan
como libélulas en el aire;
me ganó ligero la confianza,
me amancipaba la puerta de al lado
como un buen amigo,
con la rara huella de un hermano.

Su voz retraída 
desgranaba palabra alagueña,
sin retraso,
no sabia que era lágrima atrofiada 
en el vértice del ojo.
Un día en la mas súbita hora
abrió los portales negros de mi galpón secreto;
frunció el ceño,
desato el averno
esculpido en rojo escarlata;
exponiendo mi cuero desleal al sol,
batióme como un grano en la maya,
sentí certero el golpe de la decepción,
el acre sabor de la traición ;
fui fornico y pecador a su labio
una piedra arrojada al fango,
como un trillo, que nadie  percata
murmúro merendero, en bocas ajenas
incluso danzo a viento libre
mi lascivia feroz, por una mulata.

No hay peor veneno diluido 
que aquel que pone 
el  pan en tu misma taza
ni mayor algarabía 
de herir por la espalda 
que el que lo hace con alevosía
ocupando tu misma casa.

Arrepentido en mi ingenuo desdeño
por ser lo contrario de lo sabio
ame la dulce enseñanza, de un engaño .

Yo,
Yo te perdono amigo mío
si en la traición anfibia
clavaste la espada de doble filo
sin precio acomedido
sin previo aviso,
si en tu frenética huida arrastraste pérfida
la lealtad, que en mi,
tu hombro reposaste,
tan estupora e indiferente fingida.

Edúcame a golpe, a golpe de cincel,
cúbreme de cieno,
como a un forastero
átame de manos y pies
que yo, a pecho alto, no soy esclavo;
y sí, he de enmendar mi error pordiosero;
con mi rustica y escueta mano
entre la daga y su empuñadura
de la confianza en mesura
con una manzana partida a la mitad
yo,
yo te espero.

Autor: Hilario de Jesus Esteban Lopez. ©
2016

jueves, 7 de julio de 2016

"Alely"





Eres mi angel al que dí alas
mi voz de noche, 
el canto despertador de madrugada,
mis ojos desvelos
mis lagrimas;
 la homilia de mis rezos,
has empezado a llenar tu odre
a despertar en ojos ajenos, la mirada,
a dejar vacía 
y minúscula  tu almohada.

Es difícil encerrar tu cuerpo, 
la sutil inocencia de tu alma
en el iris de mis ojos;
si al escribir este verso con melancolía disimulada
ves trémula mi palabra,
Perdóname!
solo queria acurrucarme en tu risa
y esconder tus recuerdos en una caricia .

Yo quise ser tu angel de cuna;
tu edredón  preferido, tu pantalla táctil,
la mano que te arrulle, como ninguna,
un dije zafiro en tu muñeca.

Yo quiero herir tu capricho bravío
con el susurro albo de un beso
hundir mi ruda voz,
como la proa de un viejo navío
y ahogar mi rudeza
cuando sea de mi bruto enojo, 
preso.

Yo quiero ser, un jardinero a tu antojo
un reloj estropeado sin prisa,
una llave sin cerrojo,
un artista que ponga en tus manos 
el temple riguroso de la verdad,
el frágil pétalo de un clavel;
el olor sutil  de un jazmín;
el verbo preterito,
 la alegria en tiempo presente.
yo quiero ser, 
tu  amigo perfecto,
la verdad  encendida en tus labios carmín.

Oh nácar de mi pupila!
que te vio nacer,
tu,  mi suspiro a mi alma indigente
ante tu ausencia, surge
una mueca en mi labio, 
súbita, desasosiega, incoherente.
tu mi ala mariposa, 
ópalo de luz en atardecer
eso y mucho mas,
yo, para ti,

Yo, quiero ser.

Autor: Hilario de Jesus Esteban Lopez.©
2016

lunes, 4 de julio de 2016

"Grano y Mortero"



No me des, oh Dios!  lo que yo pida
porque pueda que al tener lo que quiero
cultive el orgullo con lo que no es mío,
púle mi alma como un grano
tras el golpe en el mortero.

Úngeme amado Pastor con hisopo;
ni una mirada de engaño,
ni un suspiro profano,
hazme cantar con amor
como cantara un jilguero.

En la palmera del clímax en lo alto del copo
que a tu llamado, vuelva mi alma blanca
como un paño de lana,
crucificando mi lascivia,
sintiendo tu yugo ligero.

Autor: Hilario de Jesus Esteban Lopez.©
2016

miércoles, 29 de junio de 2016

"Mi hogar"



Es mi hogar un collar de perlas 
un mojón de jade moldeado por el tiempo
la carne viva de la sabiduría,
ese era mi padre.

Como  si hubiere precavido el destino
una esclava en si nicho bien medida,
con el afán brilloso de la bondad
sin perpetrar palabra descontenta
dislumbraba como una llama
 el visor constante de la que es y seria mi madre.

Yo soy hijo de Hilario y Cresencia
no soy arpa que toca
mas bien un piano sin cuerdas,
a veces balbuceo, raras veces rimo,
deambula la edad en mi entrecejo
porque ha dejado sin decirme adiós 
el lucido frenesí de la inocencia.

Voraz, icono imperfecto 
tan terrestre que en mi cabeza florece el cardo,
tan rebelde, 
que mi alma rezonga 
no cabe mas.

Sabina mi hermana mayor
el maternal suspiro de la progenitura
botón en sílaba, se asomaba a la vida,
de todos la mejor, decía un padre
 al ser la primera concebida.

Le sigue blanca a la hora ruiseñor.
Saul, el calibri de una escritura
un caballero de lanza atroz
sin el peso de la armadura;
y yo, gritando en llanto
aquella fria mañana.

soy impio de nación 
un crio mal portado, 
falto de razón,
Sandra sin la tardanza de un coto,
hebra en la maya
floreció como florecen las flores del loto,
en la súbita hora Ruth, tan otoñal 
mestiza, pulcra como una nodriza.

quien diria que en el romero oloroso
génesis del año y en perfumada esterlina
el vientre de mi madre procrearía
a la mas pequeña de todas sus hijas
el velo engalanados de Elvira Carolina.
El último, en la edad visionaria
el cume, el heredero de lo que no tenía
la aparición postrera de ese chiquillo 
que se esconde tras su nombre:
Carlos, hermanos mío.

Yo, de faltarme fuerza para amarlos
por el deseo de hoy, honrarlos
me abstengo de falsa palabrería;
no se, que fuera de mi?
sin mis padres, mis hermanos;
sin duda alguna,
yo y este;
dícese poema 

No existiría.

Autor: Hilario de Jesus Esteban Lopez. ©
2016


viernes, 24 de junio de 2016

"Magdala" (Pubertad)



I



Por la vereda, sentado sobre la roca del deseo,
bajo el almendro, la ví pasar...

Esplendorosa la mañana 
un semblante nacaroso bañado de luz;
la noche fugitiva se escondía apenas tímida,
el sol se levantaba tras los sauces para dar vida.

Le urgían sus piernas ligeras,
un eros lascivo, enredado en su pelo,
el coral de sus ojos
reflejo de luna en los pozos,
lucian como celestes astros en el horizonte del cielo.

La piel tersa donde el brío escandaloso
hacían nido avarientos de ojos ajenos,
un ardor mudo en sus labios,
la eminencia de su cuerpo como un copo de oro engastado.

Aleteaba el feto de un amor dormido
en su piel de seda,
exacerbación de encanto
al paso de su piel descalzo.
Apeé el orgullo como un transeúnte apea el fatigado bulto
en las frescas orillas de un rio.

II

Mis mas hondas luchas, la mas profana hipocresía 
rodaron disueltas casi exánimes
expirando vergüenzas en la carcoma de mi rostro.

Y fui tras sus pasos
con el hambre de un niño 
con el  afán goloso de su boca,
con el latido inerme de un corazón perseguido.
La carne suelta sostenida por mis huesos
cabalgaba asustado con ni alma joven,
con el poema en mis labios, 
tan callado sin haber nacido.

Su voz afable, de ritmos calmos
vertebra de canto ruiseñor sobre la rama brotaban singulares
sus labios belfos color carmín
amoldados perezosos como un tulipán sin abrir,
su cuello sutil de azucena,
su nariz fina armonizaba suspiros
propia caricia  del viento sobre los valles.

Una transpiración enferma en la palma de mis manos,
la comezón extraña en mis dedos 
por arpegiar   el idilio  de sus notas,
mis acordes ilusos
percutían en el libido de mis encéfalos.

Ah que campanada en la cumbre de la montaña
el arpa asiria en la corte de los reyes
no melodían tan febriles y alborozadas.

III

Le herí con la mirada,
me sedujeron sus ojos,
tome su mano en la mas recóndita hora,
recorrimos la calle de los rabies
como dos guerreros en marcha entre las sombras;
conquistamos el horizonte, atravesamos el faro de las eventualidades.

Y un dia en el forcejeo riguroso de la hora
bese su frente,
hubo movimiento de nervios en mis labios
la taquicardia inconsciente de mi vergüenza.

Me entregó la llave de su alma
le entregue el febril ácoros de mis mocedades,
sentí correr feroz mis debilidades.

en la penumbra de mi flácida fantasía 
no hubo loca osadía ,
me apuro afanosa la caricia
entre el fino edredón de sus manos
al paso lelo de mi barbilla.

Eran tan sublimes las estrellas!
cantaron mis sístoles, cantos ruiseñores.
se abrieron de par en par las almenas
fortificadas de sus castillos,
el canto de amor en su cuerpo,
casto, breve, puro, olor de melón tardío.;
como una flor menuda en madrugada
meneada por las aguas a la orilla de un rio
yacía a la intemperie sin el miedo del hastío.

Caminando con la mirada perdida
hacia la recámara del placer, oliendo a pecado
sin la mas mínima desazón, aturdida.

IV

allí un escapulario, una vela, un armario,
un dibujo hecho a mano
gotas de agua cayendo de la regadera,
un collar color turqueza, también un campanario,
un cubo con monedas,
unas frutas sobre la mesa.

Los cuernos de una cabra parecían colgaderas,
habían tres, cuatro manteles
de fino lino, cerca del espejo, colgados.

Hacia la puerta unas macetas 
donde crecían rosas y gardenias,
sobre el sillón una linda piel,
No sé de que felino era?

Contra la esquina un buro
donde se colaba el sol de primavera.

Frescos como iris los perfumes
y en el centro un retrato de Ella,
Sí! Olía,
como la vertebra de una nuez.
Que flor del Nilo!
Que matiz! que brillo de estrella!
aquel ambiente de epopeya.

Como un pedazo de eden;
jardín de magnolias, margaritas, lilas, azucenas
allí pétalos regados de anémonas;
sobre la cama,  sabanas blancas de lana

y el estertor dentro de mi ser;

un cobertor purpura ajado a punto de caer.

Un cabello largo rizado
caído de su cabellera.

Una estatuilla con su amante abrazados
en el hasta que moldeaba la cabecera,
sobre aquel piso color miel
retazos multicolores de prendas intimas
casi desvergonzadas,
joyeles desnudos de la prenda deseada.

V

En silencio le susurre cosas de amores
con palabra casi callada, en mis labios dilatada;
su sílaba, su voz,
sus orejas pétalos de flor,
su ovulo como perla tallada.

Le toque el cuerpo al azar
como consonante de un poemario
la jugosa almendra de sus cuerpo
teñida de un greco almíbar.

Que espejo de su alma desnuda!
casi vencida
con somnolienta y apresurada voz, ella susurró,
le respondí con suspiros vanos;
se erizaron sus poros, 
se abrieron sus néctares,
hubo barniz de ópalo en sus ojos.

Entonces nació el poema!
tenia rima desde el arco plantar
hasta el curvo sedoso de su coronilla
su voz en soneto estructurada;
fonema en el ombligo, amoldado como una zirconia;
su piel insaciable de mi beso nómada
fermentada de sentimientos arcanos
al obligo indecente de una zalema
le coteje la mas íntima trastada
al juego indecoroso de nuestras manos;
mientras rozaba el eros de su diadema.

besando el dije ardoroso
entre la curva de sus alas
acaricié la expansión de sus poros
y el resto de sus pléiades.


(Me pregunte ensimismado:
Quien no ha bebido manjar en otro vaso?
Quien no ha arrancado rosas en jardín ajeno?
Oh jardinero para podar la rosa mas bella
tendrás que perdonar las espinas mas hirientes a su paso.)

VI

Hoy me hinco ante las palabras escritas en la arena
vociferando como un rayo mi nombre
No era un hombre cualquiera
el que le levanto con su mano
mientras cantaba uno de sus versos
El que esté libre de pecado
tire la primera piedra.

basándome en esa  premisa intrínseca y verdadera
diré como el mas humildes de los humanos
júzgueme quienquiera si nunca , siquiera
ha alimentado pensamiento profano.

Le conocí camino a Campelo
decían sin conocerla, muertos de celos
que provenía de una dinastía  de Magdala
yo siempre creí que venia del cielo
cuando me besó
con su piel,
Tan suave como el terciopelo!

Autor: Hilario de Jesus Esteban Lopez. ©
2016.















jueves, 23 de junio de 2016

"Helena"


Su pelo curvo, su piel de oro
sus ojos garzos
como un diamante en decoro.


Desde la europa mas lejana
surge para amar la america,
en Chile amo su gente
sintió el lacero,  la política  insaciable,
el gemir de la plebe,
el aguijón de un presidente.
Trenzó su vida como un manojo de lana
no le conocí, no obstante confeso
haber cruzado amistad con Neruda
despedirle, como un rasguño de alambre
que hirio el corazón del mundo.

Exclame:  Que realidad tan cruda!

Surco los cielos al norte
apeo su ropaje de seda
al lado de su compañía amada
corrieron plural los años
mientras su alma soñaba 
al compas de una canción desesperada
en cada vencejo del mundo;
luego de décadas volvió a su lagar
a probar de su vendimia, 
el vino fecundo.

Yo le escribí este verso
voz de ocarina perdida
como si cesase de respirar la colina
sobre el vertido reposado de su almohada.
Aun sueña despierta
besando con sus ojos un poema
sacudiendo su pelo aun dorado
como sacudiera un león su melena;
me la imagino subversiva a la rutina
con luz de plata en su mirada.
Conocí tal solo su nombre
minúscula historia, en mi estadia lejana.
Me dijo:
que se llamaba Helena.


Y se fue una noche
despidiéndose de mi
cuando la luna suspiraba serena.

Autor: Hilario de Jesus Esteban Lopez. ©
2016

domingo, 19 de junio de 2016

"The sidewalk's girl"




Allí en el agitado murmullo
sobre las aceras afanosas,
desfilan pensativas, virgenes,  altivas
con flecos elevados 
como un panal de miel 
atrayendo las ingenuas mariposas...


Se cruzo la boulevard
con un vestido simple de linea cruzada
como un mirlo dorado, entre el agua
movia la parte curva de su cuerpo;
yo la ví de soslayo
con el silencio cayendo de mi labio,
sin murmurar palabra,
con el hambre que aprieta un infante
subia un inescrúpulo  deseo
letal estertor
desde la parte alta del estomago
al concavo esofálico de mi esternon.

que flor exotica!

que locura de lana en su pelo
metió los dedos entre sus guedejas
como queriendo hacerse una cola,
el bies amarrado a sus cintura 
caía vencido sobre sus piernas.

Levanto los helechos de sus párpados
a la luz de sus ojos
se abrieron los cielos,
callaron los grillos
trinaron las aves entre los sicomoros
levanto el menton con aire orgulloso
como quien desafia un verdugo.

"...Joven beldad de ojos languidos,
orlada en flores la sien...
dijera el gran Victor Hugo

por última vez la ví,
cuando el viento acaricio su vestido azul oscuro;
se fue, se fue...
arreglando la bolsa
 en cuero pulida
como un cisne curvo, moviendo la nuca
graciosa pura, desconocida

Autor: Hilario de Jesus Esteban Lopez.©
2016